Domingo 4º de Pascua.
Juan 10,1-10:
En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».
Palabra del Señor
“Yo soy la puerta de las ovejas”
Alrededor de Juan, “uno de los apóstoles considerados pilares” (Ga 2,9) se fue creando una de las más primitivas comunidades seguidores de Jesús. El evangelio que ha llegado hasta nosotros con su nombre, se fue “fabricando” poco a poco. Este evangelio es una visión muy teológica de la vida histórica de Jesús. Y de esta visión queda muy clara la imposibilidad de convivencia con el judaísmo del Templo y Ley. El evangelio de Juan se enfrenta directamente al judaísmo.
Esto va con claridad dirigido a los judíos: “El que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas” Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
En este evangelio, los enemigos de Jesús son los judíos más que los gentiles. Por eso esta comunidad fue echada del Templo y del judaísmo. La mayoría de estos discípulos de Juan se integraron en la llamada Iglesia ortodoxa. Otros de estos seguidores de Juan fueron el origen de grupos espiritualistas de los que siempre florecieron más o menos considerados heréticos.
La fervorosa piedad de conventos y seminarios ha ordeñado excesivamente la imagen del aprisco, la puerta y el pastor. Con frecuencia los evangelios se usan para la devoción cargada de personolismos.
Luis Alemán Mur